miércoles, 14 de marzo de 2007

FESTEJANDO EN GRANDE "FIRST YEAR" EN URBE BIKINI

Ya les comente anteriormente que soy una escritora en potencia. No importa si escribo poemas o columnas de sexo, pero escribo. Y a pesar de mis profesores del master el periodismo clasico que no finalizo, se que mis lectores aman lo que escribo.
La aventura de sacar una columna ha sido un escape divino. Cada columna que ha salido publicada en "Urbe Bikini" durante el 2006 y lo que corre del 2007,ha sido producto de horas instalada al "phone" con mi pana Irina.
Imaginen que ella en St. Paul congelada con nieve hasta en las tuberias y yo en Miami bronceada y con huracanes, nunca coincidimos ni en un vuelo de Aeropostal. De hecho no la veo desde la fiesta en noviembre que realizo la revista en Caracas en un mega castillo. Y por los vientos que soplan capaz que nos vemos en noviembre de nuevo y en la tierra "roja, rojita" jajjaja. Nuestras reuniones son virtuales, muy a lo Bill Gate.
El caso gente, que "Como lo quieras" ha sido uno de los trabajos que realizo con el alma y no por $$$ precisamente. Amo con mucho fervor mis dias de escritura para nuestra la columna. Definitivamente hacer lo que a una le gusta y mata no tiene precio.
Y es cierto que no ni hay la remota idea de que nos haremos millonarias POR AHORA con nuestra columna, pero esta vaina es too much con demasiado y me disculpan lo coloquial. Quisieran escuchar nuestras "conversas". Es decir esas llamadas que nutren nuestro trabajo creativo. O acaso ustedes creen que planificar nuestra entrega de sexo oral y anal o eyaculadores no requiere de reuniones extensas? Pues si aunque no lo crean, quien nos escuchara hablando no creeria que estamos trabajando jajajjaja.
Para hacerles el cuento largo corto, anexo al igual que lo hizo mi pana y co escritora Irina (la prima de Jlo) la columna. No se la pierdan y agarren luces chicas y chicos...
¡Como lo quieras!
(Vergüenzas traseras)
Por Irina López y Carolina Sandoval
"Mami, pero esta no echa espuma".
Jorge Reyes
Las matemáticas de MarianaArturo y Mariana en aquellos primaverales dieciocho años eran dos pequeñas bombas cargadas de hormonas que no tardaron mucho tiempo en explotar y explotarse en todos los recintos familiares que hallaron solos.Uno de esos días en los cuales la inocente progenitora de él salió de paseo, los post adolescentes alzaron sus cejas pícaramente para jugar una vez más a que tenían sexo. El tomó la delantera y seguro de lo que quería hacer esta vez, le propuso a su amada explorar ese sendero oculto que tanto llamaba su atención y que las clases de biología sólo hacían mención a su función intestinal. Joven, ansiosa y ociosa, Mariana no demoró un segundo en aceptar, ¿por qué no habría de hacerlo, si cuando hacían el amor Arturo introducía sus nos tan diminutos dedos por ese perverso laberinto haciéndola vibrar de placer? Es que todo en la vida de Mariana era cuestión de matemáticas: si algo de mayor grosor se paseaba por allí, la sensación tendría que triplicarse y si algo amaba ella en esta vida, era cuando el más con más daba más aún.Con los pantalones abajo y en posición de perrito, ambos supusieron que la disposición lo era todo, porque, ¿qué tan difícil podía ser aquello?En esos ingenuos años era difícil suponer que aquella travesía que estaban a punto de emprender era más ardua que el paso por Los Andes de la Campaña Admirable, que no sólo era sostenerse sobre las rodillas y poner cara de gozona para lucir más provocadora o tener una prematura, fértil imaginación, no, ese viaje necesitaba preservativos, lubricantes a base de agua, cremas adormecedoras, masajes, psicología y sobre todo mucha experiencia, porque aquel curioso agujerito era malcriado y si algo le fascinaba era que le rogaran.Mariana en el único lapsus de breve inteligencia de la jornada detuvo a Arturo por un segundo para advertirle que no le gustaba el dolor, que fuese cuidadoso. El era capaz de prometer que Venezuela iba a resultar campeona en jockey sobre hielo con tal de indagar el misterio que albergaban aquellas curvilíneas, redondas, cachetonas pompas:-No te preocupes mi reina que después de hoy será pan comido y capaz que tú vas a querer más que yo.- Está bien, pero mis amigas me han dicho que debes intentarlo sin que yo me dé cuenta. Como si jugáramos a que yo no sé qué estas haciendo ¿Me captas?Arturo con cara de “te estás acostando conmigo no con Harry Houdini” le respondió dulcemente a su novia que era un poco codicioso de su parte aspirar que él fuera tan buen malabarista como para hacerle creer que no estaban haciendo algo distinto al sexo anal, más cuando llevaba 15 minutos sudando petróleo, tratando de que esa zona erógena, rica en terminales nerviosos se expandiese aunque sea un poquito.El tiempo finalmente fue generoso con los perseverantes: Arturo comenzó a introducirse en el universo más recóndito de Mariana. Ella impaciente aguardaba el momento en el que aquellos orgasmos adolescentes se multiplicaran, lo curioso era que la sensación no era la esperada, de hecho, no tenía relación alguna con lo que le habían provocado los juguetones dedos de él, tampoco era una presión sabrosa, era más bien como cuando estaba estítica y el doctor le recetaba el uso de supositorios.Sin saber qué carajo estaba sintiendo, Mariana intentaba no sacar conclusiones apresuradas, pero mientras su Colón recorría las Indias, sus ganas de ir al baño iban in crescente. No sabía qué hacer, ¿cómo desdibujarle a su Arturo la expresión de “lo estoy logrando” y bajarlo del pedestal con un “lo empujas un poquito más y creo que me voy directa?” Mariana heroicamente resolvió aguantarse, hasta que al fin algo entró, pero lamentablemente algo también salió. Fue en ese preciso instante, durante su primera relación anal cuando la linda Mariana se vio en la penosa obligación de decirle a su primer amor: “¡Me hice!”En efecto, cuando Arturo cedió a la petición de su ninfa ya era muy tarde, su pene había pagado caro la conquista del nuevo mundo, y la cama de su madre, testigo presencial de aquel acontecimiento, había recibido con creces el castigo por haber alcahueteado al par de adolescentes. Colón se había dado de frente con la resistencia indígena y su reina, Isabel la Católica, con el purgante más efectivo de la historia.No siento nadaAllí estaba yo con mi galán de telenovelas –relata Daniela-, bello, famoso, con plata y hasta inteligente, con unos estudios de arquitectura que había dejado a un lado por su vocación histriónica. El caso es que después de varias conversaciones semi-intelectuales en una locación de grabación quedamos tan intrigados que pospusimos la exploración de nuestros cerebros para sondear algo más placentero, nuestros cuerpos. Una noche fuimos a cenar en su fabuloso Mercedes de año a un lujosísimo restaurante. Una comida estupenda, una luna divina aderezada con ese clima propio de los lugares aledaños a El Ávila, mucho lujo, mucha magia y sobre todo, muchas sorpresas.Llegamos a su apartamento y en medio de velas de infinidad de colores y aromas, los besos no se pudieron aguantar. Sus manos eran tan deliciosas como el Chardonnay que habíamos bebido con anterioridad. Música suavecita y unas sábanas blancas, de esas en la que se desea soñar.La ropa clamó porque la tiraran al suelo y la piel se asomó para que la besaran aquí, acá y un poquito más allá.Desde el primer instante supe que a Julián le encantaba el rol de la niña comedida, encantada de que la seduzcan, así que haciendo honor a mis estudios de actuación me abstuve de hacer encuestas milimétricas con mi inquieto tacto. Nuestro primer contacto fue con y a través de sus manos. Unos masajes insuperables que rindieron mis nalgas ante la presencia de aquel destacado amante.Era tan acertado, tan bueno, tan varonil que mi deseo crecía hasta hacerme desbordar de pasión de tanto que él hacia con mi cuerpo. El sabía que la ocasión estaba dada y que si vacilaba un segundo, su don de encantador de serpientes podía perder el efecto, por lo que sin dudarlo comenzó a apoderarse, a dominar mi esfínter.No lo podía creer, estaba venciendo mis prejuicios, por fin había resuelto perder esa otra incómoda virginidad, pero lo más increíble, mientras enumeraba todo aquello, era que ¡no me dolía! ¿Será que estoy tan relajada que no siento dolor o es que todas mis amigas fueron unas dramáticas, exageradas, incapaces de dejarse llevar por el momento y ninguna de ellas supo tener una iniciación digna con el sexo anal?, me preguntaba intrigada.Sin darme por enterada Julián había quedado más que satisfecho y yo más que agobiada, si bien no había experimentado pena alguna, tampoco había tenido una milésima gota de regocijo. Preocupada, procurando no parecer una primeriza frígida me incorporé con disimulo y al voltear di con todas las respuestas a mis inquietudes: ¡pero si aquello era un gancho de pelo! Era sencillamente imposible llegar a sentir dolor, placer, algo, porque su pene era tan pequeño como un cepillo de dientes viajero. Sí, allí estaba yo, cual Maja desnuda de Goya, en tremendo apartamento, en una de las zonas más chic de Caracas, en una cama king size, con mi galán de las 9 de la noche y su pene de utilería.No tardé en ducharme, vestirme y regresar a mi casa tan o más virgen de lo que salí, entendiendo la real connotación de aquella sabia frase de la cultura popular: “chiquito pero juguetón.”
Derechos registrados.
Especial agradecimiento a Iván, Gabriel, Juan Pa, por el olfato canino y apoyo.


1 comentario:

La tierra del cacao dijo...

Iván dejó su huella aniversaria en la taguara internauta que tengo montada. Considera que "deberíamos" mencionarlo reiteradamente en la lista de agradecimientos, y al parecer ya desistió de la idea de llevarnos pa'l hotel Merey.